¿Alguien ha visto un fantasma?


Cuando parece que se han acabado los problemas en la Selección, los inventamos; se hacen montañas de algunos puñados de arena, quizá por morbo, quizá por vender más, el caso es hablar por hablar. Nadie duda que la Selección Española pasa por uno de los mejores momentos de su historia, pero aún así siempre hay algo sobre lo que hablar: que si un delantero viene o deja de venir o que si sus jugadores se van de cañas juntos. Pues bien, este combinado está por encima; no hablo de patriotismo, ni de amor por su bandera, cada uno tendrá sus motivaciones, me refiero al compromiso. Si alguien duda de que Piqué, Busquets, Arbeloa o Casillas, por citar algunos, no van al 100% con la Selección, será que no ha visto a este equipo en los últimos años, o sólo lo ha visto en un par de amistosos de infortuno recuerdo. Anoche, en Boston, España disipó las dudas a base de fútbol.

Los internacionales españoles mostraron su mejor versión ante un conjunto yankee un tanto descanfeinado. Habían pagado 2,5 millones de euros por jugar un amistoso, con la excusa de ultimar su preparación para la Copa de Oro, contra un equipo al que derrotaron hace dos años. La Selección mostró por qué cobra ese dinero por jugar una ‘pachanga’ antes de que sus internacionales se vayan de vacaciones y demostró la incongruencia de la decisión estadounidense: recibir un baño antes de jugar un torneo no debe ser muy agradable, pero bien sabrá Bob Bradley lo que hace.

A base de orden, movimiento y primos toques, España practicó una primera parte de fútbol excelsa, capitaneada por Xabi Alonso, comandada por un genial Silva en ataque y con la movilidad permanente de Cazorla. Además, un delantero con chispa y hambre de gol, Álvaro Negredo, que cuajó una gran actuación poniendo en jaque a los centrales estadounidenses y anotando el segundo gol español. El primero y el tercero fueron de Santi Cazorla, ese asturiano con cara de pillo que en cuanto le dejas un metro “la lía parda”, que dirían algunos. Y en todos apareció el omnipresente Silva, deseoso de demostrar con la elástica roja que su periplo por Inglaterra no está acabando con su fútbol; lo hizo en la posición que mejor sabe, por detrás del delantero, con libertad para moverse entre líneas y encontrar espacios imposibles.

La segunda parte el nivel bajó, el resultado era muy abultado, pero aún así la Selección siguió carburando, en parte gracias a los cambios. Borja Valero debutó y precisamente de sus botas nació la asistencia del cuarto gol, un gran pase a Fernando Torres que acabó con su mala racha de puntera. De ahí hasta el final, un par de rondos de España a todo el campo en el que los yankees, en el mejor de los casos, perseguían sombras.

Ya ven, un joven debuta con un gran partido y asistencia, el delantero “gafado” rompe su mala racha, el equipo practica un fútbol de muchos (muchísimos) quilates y muestra su mejor versión en un amistoso sin fuste, más allá del económico. Aún así, olvidarán y volverán a hablar de riñas, de que este y aquel no se hablan, que me lo ha contado un pajarito, y ese y el otro han discutido, que lo sé yo de buena tinta. Tonterías, menudeces, migajas que sueltan algunos periodistas para rascar donde no se puede sacar más. Si dudan de esta Selección, ¿en quién van a confiar?