Un motivo para soñar


El Arsenal disputó ayer un horrible partido frente al Newcastle, un encuentro anodino, soso, banal, que desembocó en 0-0 por la incapacidad de ambos de crear peligro. En ocasiones ni intentaron crearlo. Es tan solo el primer partido de una larga temporada pero, también por lo visto en pretemporada, al equipo de Arsene Wenger le faltan piezas claves en su esquema, entre ellas un jugador que dé a la hinchada un motivo para soñar, una excusa para ilusionarse, un jugador que valga la entrada al estadio, que te sorprenda. Un Cesc, un Nasri por ejemplo. Pero si esos dos se van, ¿quién tiene esa capacidad? Más

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Crónica de una muerte anunciada


Todo comenzó el 27 de febrero, en Wembley

Una jugada desafortunada entre Koscielny y Szczesny entregaba el balón en bandeja a Martins para que anotase el 2-1. Era el minuto 89 de la final de la Carling Cup frente al Birmingham. 6 años después de su último título los gunners podían saborear la gloria de la victoria; era un título menor, pero era un título al fin y al cabo. A pesar de la oportunidad perdida, aspiraban a conseguir otros 3: seguían vivos en F.A. Cup, tenían opciones en el partido de vuelta frente al F.C. Barcelona (llevaban un 2-1 en la ida) y se encontraban segundos en Premier League, a 4 puntos del líder (Manchester United) con un partido menos. Desde entonces, he aquí los resultados: Más

Trescientas veces gracias, capitán


300 partidos como profesional al más alto nivel están al alcance de muy pocos. Y si además el jugador en cuestión cuenta con 23 primaveras, podemos hablar de uno de esos casos de jóvenes superdotados para la práctica del fútbol. Su descubridor, ese espigado alsaciano con pinta de profesor, lo venía siguiendo desde hacía años y fue en el Mundial sub-17 de Finlandia, en verano de 2003, cuando decidió apostar por él. Francesc Fábregas tenía 16 años y había sido nombrado Golden Shoe y Golden Ball (máximo goleador y mejor jugador del torneo); aún no tenía contrato profesional con el Barça y aceptó embarcarse en una aventura británica en uno de los mejores clubs de ese momento: el Arsenal de 2004 acabó la temporada campeón sin conocer la derrota, “los invencibles”, con un equipo que presentaba entre sus titulares a Vieira, Henry, Bergkamp, Ljungberg o Pires entre otros. Tuvo su momento de gloria ese mismo año: debutó en la Carling Cup con los gunners (disputó 3 partidos) y consiguió anotar un gol frente al Wolves, lo que le convirtió en el jugador más joven en marcar en la historia de la entidad. Casi 120 años de historia de club y un imberbe de 16 años ya formaba parte del presente y futuro de la entidad. Más

Manchester United 1 – 0 Arsenal


Si el partido de esta noche hubiese sido un combate de boxeo, podríamos afirmar que el equipo local ganó a los puntos, y, a pesar de no haber noqueado a su rival cuando pudo (Nani tuvo en sus botas el 2-0 a 15 minutos del final), no fue necesario más esfuerzo por parte de los de Ferguson para llevarse la pelea. El Arsenal ha demostrado debilidad, inseguridad, no ha sabido jugar con la presión de los Red Devils y ha sido inferior en todos los aspetos del juego. Han transformado lo que debía ser agresividad en dureza, y lo que debía ser dureza en chiquilladas.

Wenger no ha aprendido nada. Me sorprende que sea capaz de chocar tantas veces con la misma piedra o, lo que es más grave, no encuentre la forma de superarla. El Manchester planteó un partido muy similar al de hoy la temporada pasada en el Emirates, con el resultado de 1-3 para los visitantes. La única diferencia, aparte de que Vidic y Ferdinand estaban lesionados, fue la presencia de Scholes en lugar de Anderson. El esquema fue igual, la estrategia fue la misma y el resultado parecido. La presencia de 3 centrocampistas hizo dominar la franja centra a Ferguson, y Clichy mostró todas sus carencias frente a un gran Nani (igualmente aplicable al partido de esta noche).

El Arsenal ha decepcionado desde su planteamiento. La primera parte de los gunners ha sido muy floja; tampoco el Manchester jugó un gran fútbol, pero fue superior y encontró su premio en el minuto 40 gracias a un gran cabezazo de Park. Los 45 minutos no merecieron más que estas líneas.

La segunda parte mostró una mejor versión de los visitantes, que llegaron a conectar con su juego durante algunos minutos. Una ocasión para Chamakh tras un disparo de Nasri y la entrada de Cesc y van Persie en el terreno de juego aumentaban la ilusión de los gunners, pero no obtuvieron fruto. Entre tanto, el Manchester trabaja. Todo el mundo en el Manchester trabaja, comenzando con van der Sar, que es un maestro a la hora de aguantar el balón y colocar a su equipo, y terminando con Rooney, que no ha parado de correr durante todo el partido, para desgracia de Koscielny y Squillaci.

En el minuto 72, en la enésima ocasión que Nani superó a Clichy, éste tocó el balón con la mano en el área, y Howard Webb decretó penalti. Rooney lanzó a las nubes. Bajo los palos de la portería del Arsenal se encontraba Wojciech Szczesny, un joven guardameta polaco de impronunciable nombre que ha sido de lo mejor del equipo de Wenger. Quizá el alsaciano vea la parte positiva: ha perdido el partido pero, al menos, ha ganado un portero, que falta le hacía.

¿Por qué no?



La eliminatoria entre el Arsenal y el Barcelona promete altas dosis de calidad y fútbol preciosista, pues ambos conjuntos son, junto al Girondins, los equipos que con más mimo tratan al cuero. El concepto de fútbol que tiene Wenger pasa por la intervención continua en el juego de mediapuntas y su asociación con mediocentros de toque. Los “baby gunners” llegan al tramo final de temporada con unos grandes números y con la ventaja de no partir de favoritos en Liga ni en Champions.

Año tras año, la falta de experiencia les ha hecho caer en Champions (contra el Liverpool hace dos años, el Arsenal empató a falta de 10 minutos para el final y un minuto más tarde recibió un zarpazo de Torres; contra el Manchester United el año pasado, un resbalón de Gibbs y una contra de Cristiano bastaron para acabar con los gunners). Este año siguen faltos de experiencia según los entendidos en la materia, pero jugadores como Nasri, Song o Diaby han dado un paso adelante.

El único lastre del equipo son las lesiones; la baja de Gallas por una recaída de su lesión hace temblar a los aficionados del Arsenal, pues Sol Campbell, si bien está cumpliendo con creces, no parece suficiente para frenar a ese genio argentino con el 10 a la espalda. A la baja del francés (con un 20% de posibilidades de jugar la ida contra el Barcelona, según Wenger) se añade la de Robin van Persie, que se encuentra en la fase final de su recuperación. El holandés estaba llamado a ser este año el referente del Arsenal tras la venta de Adebayor, y estaba cumpliendo con creces, con 7 goles en 11 partidos de Premier League. Pero una inoportuna lesión de ligamentos frente a Italia en un partido amistoso le ha obligado a estar más de cuatro meses en el dique seco, más lo que le resta para ponerse a punto. Pero el holandés ha vuelto y, según Wenger, está a 3-4 semanas de su nivel de forma óptimo. Si hay alguien que pueda ayudar al Arsenal en este tramo final de liga, ese es Robin van Persie. ¿Se estarán jugando algo los Gunners el último mes de competición?