La caída de los gigantes


“Que no son gigantes don Manolo” insistía Quini días antes del partido, “son futbolistas, lastrados por el cansancio de sus compromisos internacionales y con un ojo puesto en el partido del martes”.  “Más de tres lustros sin conquistar el estadio blanco pesan en la moral de nuestros jugadores. Además tienen a ese canalla portugués que es uno de los generales más avispados, no hay otro como él arengando a sus tropas” respondía Preciado con pesadumbre, aunque un halo de esperanza brillaba en sus pupilas. “¡Ay Enrique! Tiene que ser esta vez, tenemos que tomar el Bernabéu”

El Sporting consiguió un imposible, llevarse tres puntos del estadio más difícil de toda la Liga española. No lo digo yo, atiendo a los números: el Real Madrid contaba sus partidos como local con victorias y ni tan siquiera habían cedido un empate ante sus aficionados. En esa situación se plantó el equipo de Gijón en Madrid, con la urgente necesidad de puntuar y la idea de consagrarse en uno de los escenarios más prestigiosos del fútbol mundial.

El equipo de Mourinho no se sintió cómodo en la primera parte; tuvo ocasiones, posesión, pero le faltaba profundidad. El trabajo de Lass en el centro del campo era estéril ante la imposibilidad de crear fútbol por parte de los organizadores blancos. La segunda parte comenzó como la primera; la vuelta de Higuaín ilusionaba a la parroquia blanca, que animaba a su equipo consciente de la necesidad de vencer al correoso Sporting. Pero la gloria ya tenía un nombre escrito, un jugador salido de la cantera del Hércules y con experiencia en la capital: Miguel de las Cuevas. El alicantino fue el encargado de anotar el único tanto del partido tras una gran jugada del equipo asturiano. Fue una aguja que pinchó el globo de ego que acompaña a Mourinho allá donde va. Una punzada que humanizaba al entrenador blanco, imbatido como local desde febrero de 2002, cuando aún entrenaba al Oporto y cayó por 2-3 frente al Beira-Mar.

Los periódicos se han llenado de crónicas que hablan de revancha y platos fríos. Permítanme dudarlo; la revancha no te hace alejarte del ascenso ni te manda un cheque cada mes para tus gastos personales. La venganza es ese sentimiento en el que se esconden los cobardes que, aún, no han conseguido enfrentarse al pasado que vivieron o a la realidad que les rodea. El Sporting no ganó por venganza; los jugadores vencen por y para ellos mismos y su club, para cumplir el reto de mantenerse un año más en la máxima categoría del fútbol español. Y lo van a conseguir.

La motivación del genio



Fue una sorpresa. Sí, el Barça era favorito para el encuentro, jugaba en el Camp Nou y su racha era inmaculada. Pero el Madrid no estaba lejos. Casi llegaba a jugar de memoria, con contras vertiginosas y una defensa férrea. Era un espejismo, o al menos eso pareció ante el juego del Barça y, más concretamente, durante la segunda parte.

A priori, la situación de Guardiola en el descanso era buena: el equipo ganando 2-0, practicando un buen fútbol y sin apenas errores atrás. En ese momento, Pep sacó al genio. Fue capaz de motivar aún más a sus jugadores para realizar una segunda parte de ensueño donde pasaron por encima de su rival. Es más complicado motivar a un equipo que ya lo ha ganado todo, que a uno que ansía ganar títulos, y ha reunido para ello el equipo con mayor presupuesto de la historia.

El Real Madrid debe sobreponerse. Tiene posibilidades de revancha en el Santiago Bernabéu en Liga, en Copa del Rey si ambos llegan a la final o incluso en la Champions League si la suerte lo depara (y ambos llegan a las rondas finales).

Falta por ver la reacción del equipo de Mourinho tras el 5-0; las dudas que han surgido sobre varios jugadores y la baja de Higuaín obligan a algunos integrantes de la plantilla a dar un paso adelante; en el caso de Benzema, es una oportunidad para demostrar que está preparado, aunque en mi opinión, aún le falta consistencia para sustituir al argentino.

No puedo acabar este post sin mencionar el gran artículo que Santiago Segurola le ha dedicado a Gonzalo Higuaín: ir al enlace.

El efecto óptico de la ilusión


La entrada de hoy, a pesar de venir firmada por El Bigote de Preciado, es del autor de http://segundoanfiteatro.wordpress.com/.

Corría el año 2009 (los madridistas preferimos utilizar esta fecha como si fuera una pasado muy lejano) cuando el Barcelona se presentaba en el estadio Santiago Bernabéu como un equipo entusiasmado con capacidad para maravillar, frente a un Real Madrid que se presentaba al clásico como un conjunto entusiasmado, con capacidad para sonrojarse a si mismo (aquella noche en Liverpool da cuenta de ello). Sabemos lo que pasó, la maravilla futbolística del Barcelona sonrojó a la incompetencia táctica del Madrid, 2-6, y humillación para la parroquia merengue.

Una temporada más tarde, Florentino regresó del exilio de Mallorca, volvió a la presidencia del Madrid, e hizo audacia de su poder empresarial, créditos bancarios frente a la masia culé. Cristiano, Kaká y Benzema para intentar romper un bloque irrompible, fracasó.

Este año ha llegado Mourinho, la única persona que fue capaz de romper ese bloque a base de cañonazos irrisorios para el fútbol, todo vale. El técnico portugués ha hecho del Madrid un equipo compacto y directo, que hace del contragolpe un método efectivo y a la vez gratificante para la afición madridista.

Un equipo invicto con la mayor ilusión posible se presentaba en casa de la realidad, 5-0, la única diferencia con respecto al año anterior (aparte del desembolso de Florentino) es, que ayer, el Madrid (tanto equipo como afición) se presentaba en el campo con la convicción de poder ganar; no lo hizo, puede que todo ello sea producto del efecto óptico de la ilusión.

La canallada de Mourinho



Le debía una entrada a este blog. Lo reconozco. No puedo dejar que el protagonista principal de este viaje, Don Manolo Preciado, luche solo contra esos gigantes que defienden al club de la capital como fieras. Al menos un pequeño apoyo le llegará desde estas líneas.

El 24 de septiembre, Mourinho hace unas declaraciones con respecto al Barcelona – Sporting de Gijón del 22 de septiembre que venció el equipo culé por 1-0. En dichas declaraciones, deja entrever que Manolo Preciado ha regalado el partido al Barça por dar entrada en el once titular a 7 jugadores de la plantilla diferentes con respecto a su anterior partido.

El 12 de noviembre, dos días antes del Sporting – Real Madrid, Manolo Preciado respondió a las acusaciones del luso para calentar el partido y sacar ventaja de ello. Si sus jugadores juegan al 100% y la grada crea un ambiente difícil para el rival, su equipo tiene posibilidades de puntuar ante el Real Madrid. Faltando cualquiera de estas dos condiciones, las posibilidades de que su equipo gane se reducen al mínimo. Y estuvo cerca.

Por mucho que le moleste a Mourinho, y pese a ser el entrenador del Real Madrid, no debe preocuparse de lo que cada uno hace o deja de hacer en su club. Las acusaciones de que el entrenador cántabro había dado el encuentro por perdido antes de comenzar, son muy graves. De hecho, van en contra de los principios del deporte de combatividad, lucha, afán de superación… En el hipotético caso de que las palabras del luso fueran ciertas, que no lo son, sería el presidente del Sporting el que se tendría de haber preocupado de tomar las decisiones correspondientes, pero eso, al entrenador del Real Madrid, no le incumbe.