Juan Gómez “Juanito” – Cómo se forjó su leyenda


Juan Gómez “Juanito” fue un futbolista excelso, impulsivo y con una forma de entender la vida que no dejó a nadie indiferente. Todos y cada uno de los equipos por los que pasó marcaron su carrera, desde el Fuengirola, el pueblo que lo vio nacer, hasta el Málaga, donde acabó su carrera. También vistió las elásticas del Atlético de Madrid (aunque no llegó a debutar con el primer equipo), Burgos y Real Madrid, conjuntos en los que jugó más de 400 partidos y anotó 124 goles entre Primera y Segunda División; sus mejores años de fútbol los pasó en el conjunto blanco, donde su recuerdo sigue vigente con los cánticos en el minuto 7 (“illa, illa, illa, Juanito maravilla”). Su calidad y su entrega constante lo elevaron al nivel de unos pocos elegidos; su mala cabeza y su temperamento lo perseguían y eran los motivos de crítica de sus detractores. A través de estas líneas recordaremos a uno de los jugadores más carismáticos y polémicos que el futbol ha dado. Más

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El uruguayo de las botas doradas



No es la primera vez que ocurre. Los killers, delanteros centro con el gol en la sangre, son una especie curiosa. Suelen ser jugadores que, al contrario de lo que le sucede al resto de los miembros de su equipo, bajan las pulsaciones dentro del área. Cuando realmente están nerviosos son en zonas del campo intermedias, con muchos metros por delante hasta la portería. Cuando un killer no marca, es un jugador “lastre”. Al menos se le exige entrega y compromiso, sudar la camiseta, pero eso es algo que viene innato en la profesión de futbolista (o al menos debería venir).

Diego Forlán nació en Montevideo hace 31 años. Es un ejemplo como persona y no se puede dudar de su dedicación y entrega en el campo. Nadie le puede exigir que sienta los colores de un equipo que está a casi 10.000 kilómetros de donde nació. Él es un ganador nato, un futbolista en su máxima expresión, es decir, un trabajador del mundo del fútbol, un gran profesional. No pidan que bese escudos de equipos, él no es de esos.

Forlán parece triste, enrabietado con aquellos que le critican y muestra en ocasiones esa “ansiedad” que le achacan. El único problema está en la exigencia de la inmediatez por parte del público. Él y ellos necesitan que marque, y que lo haga ya; ellos dudan de su calidad cuando no anota y él se enfada cuando nota esa falta de confianza. No creo que las críticas al charrúa estén justificadas. Necesita un descanso para volver con más fuerza, aunque él cree que volverá a estar forma en cuanto anote. Quizá anote cuando vuelva a estar en forma, como piensa Quique. Esta semana tiene una nueva oportunidad para demostrar a sus críticos lo mucho que se equivocan dudando del 2 veces Bota de Oro.

¡Este no es nuestro Atleti! ¡Nos lo han cambiado!


Los aficionados del Atlético de Madrid, principalmente los más jóvenes, que aún apenas han disfrutado de los logros de su equipo, no dan crédito a lo que están viendo.

Seis meses han pasado desde la destitución de Abel y la llegada de Quique Sánchez Flores. El Atlético encontró en este cambio la ansiada “estabilidad” que buscaba, a lo que ayudó la irrupción de Domínguez, la seguridad de De Gea y la llegada de Tiago.

La temporada del Atlético se juega a tres cartas; una de ellas le da la Copa del Rey, las otras dos, la Europa League. Los colchoneros están a sólo tres pasos de conquistar un nuevo doblete, y para ello deberán dejar por el camino al Sevilla en el Camp Nou, al Liverpool en Anfield y al Fulham o Hamburgo en el HSH Nordbank Arena.

Si el Atlético no gana ningún título, volverá la inestabilidad; puede que uno o varios de los cracks tengan que salir del club y no sería segura la continuidad de Quique (Bianchi, prepárate).

Si el Atlético gana un título, los problemas desaparecerán, el club recuperará prestigio y estatus.

Si el Atlético gana el doblete, Neptuno llorará.