Trescientas veces gracias, capitán


300 partidos como profesional al más alto nivel están al alcance de muy pocos. Y si además el jugador en cuestión cuenta con 23 primaveras, podemos hablar de uno de esos casos de jóvenes superdotados para la práctica del fútbol. Su descubridor, ese espigado alsaciano con pinta de profesor, lo venía siguiendo desde hacía años y fue en el Mundial sub-17 de Finlandia, en verano de 2003, cuando decidió apostar por él. Francesc Fábregas tenía 16 años y había sido nombrado Golden Shoe y Golden Ball (máximo goleador y mejor jugador del torneo); aún no tenía contrato profesional con el Barça y aceptó embarcarse en una aventura británica en uno de los mejores clubs de ese momento: el Arsenal de 2004 acabó la temporada campeón sin conocer la derrota, “los invencibles”, con un equipo que presentaba entre sus titulares a Vieira, Henry, Bergkamp, Ljungberg o Pires entre otros. Tuvo su momento de gloria ese mismo año: debutó en la Carling Cup con los gunners (disputó 3 partidos) y consiguió anotar un gol frente al Wolves, lo que le convirtió en el jugador más joven en marcar en la historia de la entidad. Casi 120 años de historia de club y un imberbe de 16 años ya formaba parte del presente y futuro de la entidad. Más

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La caída de los gigantes


“Que no son gigantes don Manolo” insistía Quini días antes del partido, “son futbolistas, lastrados por el cansancio de sus compromisos internacionales y con un ojo puesto en el partido del martes”.  “Más de tres lustros sin conquistar el estadio blanco pesan en la moral de nuestros jugadores. Además tienen a ese canalla portugués que es uno de los generales más avispados, no hay otro como él arengando a sus tropas” respondía Preciado con pesadumbre, aunque un halo de esperanza brillaba en sus pupilas. “¡Ay Enrique! Tiene que ser esta vez, tenemos que tomar el Bernabéu”

El Sporting consiguió un imposible, llevarse tres puntos del estadio más difícil de toda la Liga española. No lo digo yo, atiendo a los números: el Real Madrid contaba sus partidos como local con victorias y ni tan siquiera habían cedido un empate ante sus aficionados. En esa situación se plantó el equipo de Gijón en Madrid, con la urgente necesidad de puntuar y la idea de consagrarse en uno de los escenarios más prestigiosos del fútbol mundial.

El equipo de Mourinho no se sintió cómodo en la primera parte; tuvo ocasiones, posesión, pero le faltaba profundidad. El trabajo de Lass en el centro del campo era estéril ante la imposibilidad de crear fútbol por parte de los organizadores blancos. La segunda parte comenzó como la primera; la vuelta de Higuaín ilusionaba a la parroquia blanca, que animaba a su equipo consciente de la necesidad de vencer al correoso Sporting. Pero la gloria ya tenía un nombre escrito, un jugador salido de la cantera del Hércules y con experiencia en la capital: Miguel de las Cuevas. El alicantino fue el encargado de anotar el único tanto del partido tras una gran jugada del equipo asturiano. Fue una aguja que pinchó el globo de ego que acompaña a Mourinho allá donde va. Una punzada que humanizaba al entrenador blanco, imbatido como local desde febrero de 2002, cuando aún entrenaba al Oporto y cayó por 2-3 frente al Beira-Mar.

Los periódicos se han llenado de crónicas que hablan de revancha y platos fríos. Permítanme dudarlo; la revancha no te hace alejarte del ascenso ni te manda un cheque cada mes para tus gastos personales. La venganza es ese sentimiento en el que se esconden los cobardes que, aún, no han conseguido enfrentarse al pasado que vivieron o a la realidad que les rodea. El Sporting no ganó por venganza; los jugadores vencen por y para ellos mismos y su club, para cumplir el reto de mantenerse un año más en la máxima categoría del fútbol español. Y lo van a conseguir.

Alex de la Iglesia y la Ley Sinde


Álex de la Iglesia

“Tengo que reconocer que estos dos años al frente de la Academia han sido de los mejores de mi vida. He aprendido mucho, he conocido gente estupenda, pero desde un ángulo distinto al del director. Comencé reconociendo que me bajaba películas, sobre todo porno, y sentó fatal a los distribuidores, a los exhibidores y toda la profesión en general. Incluso me llamó mi madre. Esas declaraciones adolescentes me llevaron a reunirme con ellos y entender su punto de vista. Lo mismo me ha pasado con el problema que nos ocupa, la posición de los creadores en la Red. Empecé haciéndolo fatal, sin conocer el tema a fondo y dejándome llevar por mis prejuicios, que son muchos y variados”

Así comienza la carta que Álex de la Iglesia firma para anunciar su dimisión como Presidente de la Academia de Cine. El director mostró su oposición a la “Ley Sinde” en numerosas ocasiones y ha acabado por presentar su renuncia al cargo, ante la noticia de que saldrá adelante por el acuerdo entre PP y PSOE.

El director bilbaino, de 45 años, es un tipo curioso. Se dio a conocer con corto de 10 minutos titulado “Mirindas Asesinas“. Después se presentó en sociedad con Acción Mutante, su ópera prima. Sitúa la acción en Bilbao, en el año 2012.  Trata de una extraña banda terrorista llamada “Acción Mutante” formada por seres deformes que pretenden vengarse de los ricos y guapos. Una escena vale más que mil palabras:

Visto por algunos como un prodigio tras la cámara y por otros como un “friki”, el caso es que su siguiente película, “El día de la bestia“, pasó a ser un icono del cine español. Y él se llevó el Goya a mejor director por una comedia satírica cargada de ritmo que no dejó indiferente a nadie. Después vinieron Perdita Durango, La Comunidad, 800 balas, Crimen Ferpecto… En junio de 2009 fue elegido Presidente de la Academia de Cine, cargo que abandonará, según afirma él mismo, tras la Gala de los Goya (13 de febrero).

Álex de la Iglesia se comprometió con la causa, se dio cuenta de la magnitud del asunto, legislar un medio que hasta entonces apenas había tenido control. Utilizó las redes sociales (Twitter principalmente) para conocer opiniones, habló con colectivos de internautas, el partido Pirata, organizó reuniones… intentó buscar la raíz del problema.

No tiene más remedio que irse porque no puede aceptar un parche al problema real, que deriva de los derechos de autor y el canon digital en Internet. Desde algunos medios nos quieren vender que se trata de evitar el “todo gratis”. No va de eso. Lo que antes un juez dictaba que era legal o ilegal, ahora lo deciden entre ellos. Entre los políticos, esos que escuchan una vez cada cuatro años. Los jueces han sobreseído la mayor parte de las denuncias (I) (II) hasta ahora. ¿Los jueces no hacen bien su trabajo? Cámbienlos; por lo que vemos habitualmente, su nivel es mejorable. Si el problema no está en los jueces, ¿está en la Ley? Pues sí. Según Ignacio Escolar:

“Estamos parcheando una ley que se remonta a los ochenta, que viene de la época de cuando Solana era ministro de Justicia, cuando lo más parecido a Internet era Naranjito. La solución no era hacer un atajo porque la justicia es lenta, existen mecanismos para hacer la justicia más rápida. Que haya más jueces en el proceso es bueno dentro de lo malo, pero no es la solución, la cosa no es que haya más jueces sino que sólo haya jueces”

Como digo, no se trata del todo gratis. Los consumidores estamos dispuestos a pagar por contenidos, al menos propongan un precio. Las discográficas, productoras cinematográficas e incluso desde Estados Unidos, como vimos en Wikileaks, han presionado al gobierno para que buscase una solución de urgencia a la cuestión de las “descargas ilegales”.

Se puede llegar a un acuerdo, un precio adecuado para descargar películas o discos de forma legal. Pero no tienen interés en ello; quizá porque la SGAE prefiere mantener su monopolio en nuestro país, para seguir fijando tarifas abusivas a los consumidores (de las más altas de Europa) que, desgraciadamente, no siempre llegan a los autores. Tampoco se ha tenido en cuenta el informe de la Comisión de Competencia, que subraya el “carácter opaco y poco eficiente del actual modelo de gestión” y que, añade, “se podría evitar con una reforma de la Ley de Propiedad Intelectual”. Y conste que al tema del canon (aquel que cobra a las peluquerías por tener la radio encendida o que grava de impuestos los cd’s aunque los vayas a utilizar como posavasos) le faltan argumentos para ser entendido por la sociedad.

Lo único que tengo claro es que si tengo que elegir entre los partidos que nos hacen caso cada 4 años o el “friki” que lee nuestros comentarios, me declaro fan incondicional de Álex de la Iglesia.