Un motivo para soñar


El Arsenal disputó ayer un horrible partido frente al Newcastle, un encuentro anodino, soso, banal, que desembocó en 0-0 por la incapacidad de ambos de crear peligro. En ocasiones ni intentaron crearlo. Es tan solo el primer partido de una larga temporada pero, también por lo visto en pretemporada, al equipo de Arsene Wenger le faltan piezas claves en su esquema, entre ellas un jugador que dé a la hinchada un motivo para soñar, una excusa para ilusionarse, un jugador que valga la entrada al estadio, que te sorprenda. Un Cesc, un Nasri por ejemplo. Pero si esos dos se van, ¿quién tiene esa capacidad? Más

Juan Gómez “Juanito” – Cómo se forjó su leyenda


Juan Gómez “Juanito” fue un futbolista excelso, impulsivo y con una forma de entender la vida que no dejó a nadie indiferente. Todos y cada uno de los equipos por los que pasó marcaron su carrera, desde el Fuengirola, el pueblo que lo vio nacer, hasta el Málaga, donde acabó su carrera. También vistió las elásticas del Atlético de Madrid (aunque no llegó a debutar con el primer equipo), Burgos y Real Madrid, conjuntos en los que jugó más de 400 partidos y anotó 124 goles entre Primera y Segunda División; sus mejores años de fútbol los pasó en el conjunto blanco, donde su recuerdo sigue vigente con los cánticos en el minuto 7 (“illa, illa, illa, Juanito maravilla”). Su calidad y su entrega constante lo elevaron al nivel de unos pocos elegidos; su mala cabeza y su temperamento lo perseguían y eran los motivos de crítica de sus detractores. A través de estas líneas recordaremos a uno de los jugadores más carismáticos y polémicos que el futbol ha dado. Más

¿Alguien ha visto un fantasma?


Cuando parece que se han acabado los problemas en la Selección, los inventamos; se hacen montañas de algunos puñados de arena, quizá por morbo, quizá por vender más, el caso es hablar por hablar. Nadie duda que la Selección Española pasa por uno de los mejores momentos de su historia, pero aún así siempre hay algo sobre lo que hablar: que si un delantero viene o deja de venir o que si sus jugadores se van de cañas juntos. Pues bien, este combinado está por encima; no hablo de patriotismo, ni de amor por su bandera, cada uno tendrá sus motivaciones, me refiero al compromiso. Si alguien duda de que Piqué, Busquets, Arbeloa o Casillas, por citar algunos, no van al 100% con la Selección, será que no ha visto a este equipo en los últimos años, o sólo lo ha visto en un par de amistosos de infortuno recuerdo. Anoche, en Boston, España disipó las dudas a base de fútbol.

Los internacionales españoles mostraron su mejor versión ante un conjunto yankee un tanto descanfeinado. Habían pagado 2,5 millones de euros por jugar un amistoso, con la excusa de ultimar su preparación para la Copa de Oro, contra un equipo al que derrotaron hace dos años. La Selección mostró por qué cobra ese dinero por jugar una ‘pachanga’ antes de que sus internacionales se vayan de vacaciones y demostró la incongruencia de la decisión estadounidense: recibir un baño antes de jugar un torneo no debe ser muy agradable, pero bien sabrá Bob Bradley lo que hace.

A base de orden, movimiento y primos toques, España practicó una primera parte de fútbol excelsa, capitaneada por Xabi Alonso, comandada por un genial Silva en ataque y con la movilidad permanente de Cazorla. Además, un delantero con chispa y hambre de gol, Álvaro Negredo, que cuajó una gran actuación poniendo en jaque a los centrales estadounidenses y anotando el segundo gol español. El primero y el tercero fueron de Santi Cazorla, ese asturiano con cara de pillo que en cuanto le dejas un metro “la lía parda”, que dirían algunos. Y en todos apareció el omnipresente Silva, deseoso de demostrar con la elástica roja que su periplo por Inglaterra no está acabando con su fútbol; lo hizo en la posición que mejor sabe, por detrás del delantero, con libertad para moverse entre líneas y encontrar espacios imposibles.

La segunda parte el nivel bajó, el resultado era muy abultado, pero aún así la Selección siguió carburando, en parte gracias a los cambios. Borja Valero debutó y precisamente de sus botas nació la asistencia del cuarto gol, un gran pase a Fernando Torres que acabó con su mala racha de puntera. De ahí hasta el final, un par de rondos de España a todo el campo en el que los yankees, en el mejor de los casos, perseguían sombras.

Ya ven, un joven debuta con un gran partido y asistencia, el delantero “gafado” rompe su mala racha, el equipo practica un fútbol de muchos (muchísimos) quilates y muestra su mejor versión en un amistoso sin fuste, más allá del económico. Aún así, olvidarán y volverán a hablar de riñas, de que este y aquel no se hablan, que me lo ha contado un pajarito, y ese y el otro han discutido, que lo sé yo de buena tinta. Tonterías, menudeces, migajas que sueltan algunos periodistas para rascar donde no se puede sacar más. Si dudan de esta Selección, ¿en quién van a confiar?

Torino, bendito equipo maldito


Valentino Mazzola

Hace 62 años, el 4 de mayo de 1949, un catastrófico accidente de avión acabó de golpe con uno de los conjuntos más maravillosos que Italia ha visto nacer: el Torino de los años 40, capitaneado por Valentino Mazzola. En la “Tragedia de Superga” fallecieron 18 de los 19 jugadores de la plantilla y cuatro trabajadores del club (dos directivos y dos preparadores). El único integrante del equipo que no pudo viajar fue Sauro Tomá, que se quedó en Italia recuperándose de una lesión de rodilla.

“El equipo imbatible” o “il grande Torino” son algunos de los nombres por los que se conoció al Torino de los años 40. Se habían ganado a pulso estos apelativos con gestas como la racha de 93 partidos sin perder o los 5 Scudettos consecutivos que logró (1942, 1943, 1946, 1948 y 1949 -en 1944, 1945 y 1947 no se disputó la competición por la Segunda Guerra Mundial-). Más

Crónica de una muerte anunciada


Todo comenzó el 27 de febrero, en Wembley

Una jugada desafortunada entre Koscielny y Szczesny entregaba el balón en bandeja a Martins para que anotase el 2-1. Era el minuto 89 de la final de la Carling Cup frente al Birmingham. 6 años después de su último título los gunners podían saborear la gloria de la victoria; era un título menor, pero era un título al fin y al cabo. A pesar de la oportunidad perdida, aspiraban a conseguir otros 3: seguían vivos en F.A. Cup, tenían opciones en el partido de vuelta frente al F.C. Barcelona (llevaban un 2-1 en la ida) y se encontraban segundos en Premier League, a 4 puntos del líder (Manchester United) con un partido menos. Desde entonces, he aquí los resultados: Más

Trescientas veces gracias, capitán


300 partidos como profesional al más alto nivel están al alcance de muy pocos. Y si además el jugador en cuestión cuenta con 23 primaveras, podemos hablar de uno de esos casos de jóvenes superdotados para la práctica del fútbol. Su descubridor, ese espigado alsaciano con pinta de profesor, lo venía siguiendo desde hacía años y fue en el Mundial sub-17 de Finlandia, en verano de 2003, cuando decidió apostar por él. Francesc Fábregas tenía 16 años y había sido nombrado Golden Shoe y Golden Ball (máximo goleador y mejor jugador del torneo); aún no tenía contrato profesional con el Barça y aceptó embarcarse en una aventura británica en uno de los mejores clubs de ese momento: el Arsenal de 2004 acabó la temporada campeón sin conocer la derrota, “los invencibles”, con un equipo que presentaba entre sus titulares a Vieira, Henry, Bergkamp, Ljungberg o Pires entre otros. Tuvo su momento de gloria ese mismo año: debutó en la Carling Cup con los gunners (disputó 3 partidos) y consiguió anotar un gol frente al Wolves, lo que le convirtió en el jugador más joven en marcar en la historia de la entidad. Casi 120 años de historia de club y un imberbe de 16 años ya formaba parte del presente y futuro de la entidad. Más

La caída de los gigantes


“Que no son gigantes don Manolo” insistía Quini días antes del partido, “son futbolistas, lastrados por el cansancio de sus compromisos internacionales y con un ojo puesto en el partido del martes”.  “Más de tres lustros sin conquistar el estadio blanco pesan en la moral de nuestros jugadores. Además tienen a ese canalla portugués que es uno de los generales más avispados, no hay otro como él arengando a sus tropas” respondía Preciado con pesadumbre, aunque un halo de esperanza brillaba en sus pupilas. “¡Ay Enrique! Tiene que ser esta vez, tenemos que tomar el Bernabéu”

El Sporting consiguió un imposible, llevarse tres puntos del estadio más difícil de toda la Liga española. No lo digo yo, atiendo a los números: el Real Madrid contaba sus partidos como local con victorias y ni tan siquiera habían cedido un empate ante sus aficionados. En esa situación se plantó el equipo de Gijón en Madrid, con la urgente necesidad de puntuar y la idea de consagrarse en uno de los escenarios más prestigiosos del fútbol mundial.

El equipo de Mourinho no se sintió cómodo en la primera parte; tuvo ocasiones, posesión, pero le faltaba profundidad. El trabajo de Lass en el centro del campo era estéril ante la imposibilidad de crear fútbol por parte de los organizadores blancos. La segunda parte comenzó como la primera; la vuelta de Higuaín ilusionaba a la parroquia blanca, que animaba a su equipo consciente de la necesidad de vencer al correoso Sporting. Pero la gloria ya tenía un nombre escrito, un jugador salido de la cantera del Hércules y con experiencia en la capital: Miguel de las Cuevas. El alicantino fue el encargado de anotar el único tanto del partido tras una gran jugada del equipo asturiano. Fue una aguja que pinchó el globo de ego que acompaña a Mourinho allá donde va. Una punzada que humanizaba al entrenador blanco, imbatido como local desde febrero de 2002, cuando aún entrenaba al Oporto y cayó por 2-3 frente al Beira-Mar.

Los periódicos se han llenado de crónicas que hablan de revancha y platos fríos. Permítanme dudarlo; la revancha no te hace alejarte del ascenso ni te manda un cheque cada mes para tus gastos personales. La venganza es ese sentimiento en el que se esconden los cobardes que, aún, no han conseguido enfrentarse al pasado que vivieron o a la realidad que les rodea. El Sporting no ganó por venganza; los jugadores vencen por y para ellos mismos y su club, para cumplir el reto de mantenerse un año más en la máxima categoría del fútbol español. Y lo van a conseguir.

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